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Medidas de seguridad física (I): su importancia y los "objetivos" de la delincuencia

  • Feb 10 / 2010
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Cerrajería electrónica de seguridad - Control de accesos., Niebla de Seguridad

Medidas de seguridad física (I): su importancia y los "objetivos" de la delincuencia

(Castillo de Manzanares el Real, Madrid. Por R.Durán en flickr)

Tomar medidas de seguridad en los accesos, sean éstos los de un organismo, un negocio o un domicilio son una innegable obligación. En realidad siempre lo han sido. Hay quien dice que vivimos ahora una cierta psicosis y que nos preocupamos más, y tiene razón quien lo dice: nos preocupamos más, y la “psicosis” no deja de ser lógica por el estado actual de las cosas. No es cuestión de obsesionarse, pero desde luego tampoco de obviar este importantísimo asunto.
Decía antes que, en realidad, siempre ha habido una -mayor o menor- preocupación por la seguridad en los accesos. Dejando al margen imágenes que algunos recordarán de pueblos en los que los vecinos podían irse dejando las puertas abiertas, pero que han dejado -en buena lógica- de verse… si no existiera esa preocupación ¿porqué tenemos cerraduras en las puertas? (ésto por ir a lo más común, a lo más extendido). A otros niveles (tanto económicos como tipológicos), se colocan puertas con mayor o menor seguridad o acorazamiento, cristales y persianas con mayores resistencias, y se van añadiendo medidas como alarmas, sensores, videovigilancia, etc., etc.
La seguridad, como entelequia que es, no tiene una existencia real. No existe a nivel informático-electrónico (hay quien consigue acceder a servidores de la Casa Blanca, del Pentágono, a entidades bancarias, etc.) y no existe a nivel físico. Que nadie le engañe: si le dicen que colocando tal o cual medida de seguridad usted ya ha dejado de ser una potencial víctima no le están diciendo la verdad. Esto tampoco quiere decir que usted deba caer en la paranoia más absoluta, pero aplique el sentido común a lo que hace.
La “seguridad” (hablamos de los accesos a locales físicos) debemos entenderla como una circunstancia propiciada por las medidas de seguridad que se adopten en relación con el/los acceso/s que se “protegen”. La seguridad tiene una primera e importantísima función: la prevención mediante la disuasión. Las medidas adoptadas deben ser las conducentes a que el delincuente prefiera no arriesgarse ni perder el tiempo con la vulneración de su acceso. A veces hay que mirarlo así: si yo tengo una seguridad que no tiene mi vecino, el delincuente, en buena lógica, preferirá intentarlo con mi vecino en lugar de conmigo.
Es cierto que existen casos especiales. Si usted no es un objetivo más o menos “al azar”, sino que pudiera ser o ha sido señalado por los delincuentes mediante un “encargo”, entonces no cabe duda de que debe considerar muy seriamente el disponer de cuantas más medidas de seguridad mejor, pues estamos hablando de que la intención del delincuente no va a ser desistir, sino que lo va a intentar. En ese caso la seguridad preventiva debe serlo también proactiva (persianas acorazadas, cristales antibala, guardias de seguridad, sensores de movimiento, videovigilancia… e incluso “habitaciones del pánico”, que curiosamente, se están extendiendo bastante en nuestro país en los últimos tiempos).
Ocurre, que en materia de medidas de seguridad, las personas solemos preocuparnos sólo como respuesta a un suceso que le ha pasado a un conocido o familiar, o a alguien del vecindario, o por desgracia cuando pasa en carne propia (en ocasiones, y ahí están las noticias en los Medios, incluso es demasiado tarde para lamentarlo). Como la mayoría de las personas se encuadran en lo que podría denominarse “clases medias”, tiende a pensarse que un robo o un asalto sólo ha de sufrirlo esa élite de personas de alto nivel socio-económico. Y digamos que, aunque no siendo un razonamiento muy correcto, hasta hace poco tenía más o menos su fundamento: las bandas organizadas de delincuentes “profesionales preparados” trabajaban sobre objetivos más o menos definidos, y si no lo hacían por “encargo”, al menos sí estudiaban mínimamente a la potencial víctima para determinar que merecía la pena centrarse en ella, descartando así a la mayoría de los ciudadanos.
Sin embargo, ésto ha cambiado radicalmente en los dos últimos años. La difusión por Internet de la técnica conocida como “bumping“, ha convertido en delincuente potencial a cualquiera que tenga la intención de acceder a donde no le está permitido (sin necesidad de ser una banda organizada o un delincuente “profesional”), y en objetivo potencial a cualquiera de los ciudadanos o empresarios u organismos (independiente mente del status, la situación socioeconómica, la ubicación geográfica, etc.).
(Continuará…)

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