El verdadero y mayor coste de un robo para un comerciante

Si usted es un comerciante que cree que “medidas de seguridad” es lo mismo que contratar un sistema de alarma (que pudiera anunciarse hasta la saciedad y en cuya publicidad le aseguran que es la solución definitiva) y que junto a la misma, al tener contratada una póliza de alguna compañía aseguradora puede sentirse tranquilo, tanto por sentirse bien defendido frente a robos (con la alarma) y bien respaldado (en caso de robo) por su compañía de seguros, debería leer atentamente esta entrada, porque su sensación, hoy, no responde a la realidad.

No es que un buen sistema de alarma (entre ellas no incluimos esa tan famosa en la que usted está pensando) o una buena póliza no sean buenas decisiones, es que los tiempos han cambiado y ya no es todo tan sencillo.

Pese a que las Autoridades afirmen constantemente que los robos y asaltos se encuentran en números dentro de la normalidad, la realidad -como muy bien conocen tanto quienes sufren esos hechos delictivos y sus conocidos, como la de los agentes de policía que trabajan a pie de calle- es bastante diferente. Los baremos podrán modificarse para así maquillar los números oficiales, pero los Medios de Comunicación se ocupan de reflejar diariamente el importante incremento de las oleadas de robos. La realidad es tozuda y es la que es, aunque no guste.

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Continuamente se puede ver en los Medios, cómo colectivos vecinales y asociaciones de comerciantes exigen a las Administraciones correspondientes que se incrementen el número de efectivos policiales, para contrarrestar la plaga de intrusiones y robos que se está produciendo. Sin duda el incremento de efectivos (y también una mejor racionalización de los turnos y horarios) ayudaría en parte en la situación actual, aunque no sería una solución definitiva. En la actualidad, en la que las técnicas y estrategias empleadas por los delincuentes para los robos se han ido sofisticando y perfeccionando, debemos asumir que se resulta imprescindible tomar medidas de seguridad y defensa de forma individualizada.

Para los delincuentes no es complicado conocer cuántas patrullas (si es que hubiera varias) policiales para cubrir cualquier tipo de incidencia (no sólo otros robos, sino accidentes, requerimientos de ciudadanos, etc.), y que, por tanto -en el mejor de los casos- la ventana de tiempo de presentación de una patrulla en un lugar concreto puede estar entre 20 y 45 minutos (cuando para el robo apenas necesitan de 3 a 5 minutos).

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Para los comercios y negocios, los asaltos y robos, suponen un verdadero quebradero de cabeza, pero todavía existe un importante número  que se resiste a estudiar cuáles podrían ser las medidas más adecuadas a tomar en su caso particular. A lo sumo, como decíamos al principio, se limitan a contratar un servicio de alarma en el que depositan (además de un dinero mensual) la totalidad de su confianza y tranquilidad de personas y bienes. Cada vez ocurre más frecuentemente que, pese a que se anuncie hasta la saciedad en todas partes, ese servicio realmente no es tan efectivo o no funciona como le habían dicho que lo haría, o incluso funcionando, para el delincuente no supone una verdadera traba disuasoria por el tiempo del que sabe que dispone para robar y escapar.

En bastantes casos, los comerciantes pretenden auto convencerse de que, incluso sufriendo un robo, el problema no lo será tanto porque “el seguro se ocupará de todo”. Cuando realmente sufren el robo es cuando se encuentran una acumulación de cuestiones, muchas de las cuales no habían tenido en cuenta. Lo más común es el inicial estrés por el susto y el daño psicológico que viven empresarios y trabajadores cuando se sufre un asalto o robo (el temor -que perdurará- a que se pueda repetir, o a que se produzca con presencia de los empleados), y por supuesto el robo de dinero, materiales, herramientas, maquinaria,… Destrozos en los accesos (fractura de puertas, ventanas, cristales, cristaleras…, butrones en muros), destrozos en maquinaria y equipamientos,…

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Una vez superado el susto inicial, llega el momento de ponerse manos a la obra, y emplear algo que para un comerciante es lo más costoso, sobre el que rara vez se piensa previamente y que es realmente el mayor y más importante coste en un robo: el tiempo (tiempo que el comerciante deja de vender y tiempo de desgaste psicológico), porque el tiempo es mucho dinero.

  • Tiempo que hay que facilitar a los investigadores policiales científicos para que desarrollen su trabajo para recabar pruebas.
  • Tiempo para contabilizar los daños y material sustraído.
  • Tiempo para realizar las correspondientes denuncias.
  • Tiempo para tratar con la compañía aseguradora (y no digamos si se deben pelear con ella si se trata de algún robo mediante bumping, en el que no se evidencia ninguna señal de forzado).
  • Tiempo para adecentar de nuevo el local si ha habido destrozos.
  • Y sobre todo, el tiempo en el que la aseguradora (en caso de que lo asuma) ofrezca la reparación económica y material (mínimo varios días tras el informe pericial). Si el robo se ha producido en más ocasiones, es posible que las compañías aseguradoras declinen contratar nuevamente pólizas con un cliente que etiquetarán de “problemático” para ellas.
  • Y especialmente el tiempo que tarda el comerciante en recibir nuevamente material para la venta, y por tanto tiempo sin poder vender (según el caso pueden ser semanas).

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El empresario comerciante debería entonces hacer un cálculo de los “verdaderos” costes que suponen los robos, y plantearse seriamente la inversión en la toma de medidas verdaderamente disuasorias y defensivas acordes a las características de su local, su ubicación, etc., que no deben necesariamente ser (o al menos no sólo) las convencionales alarma y cámaras, pero que sí le aporten “tiempo”, el tiempo que los delincuentes no quieren ni pueden permitirse emplear en sus actuaciones

Medidas como bombines electrónicos de seguridad, puertas especialmente acorazadas, generadores de niebla de seguridad, controles de incidencias,… son las que deben plantearse negocios y comercios para poder enfrentarse al problema de la delincuencia -y sus técnicas y formas- en la actualidad. Soluciones que disuadan al delincuente para que se vaya a otra parte, que le dificulten al máximo la intrusión para que -por no emplear tiempo- prefiera buscar otra víctima, medidas que puedan repeler la intrusión o -si esta se produjera- incluso dejar atrapado al ladrón hasta la llegada de la policía.

Por tanto la clave está en el tiempo. El tiempo es dinero y en un robo, materiales aparte, el tiempo que se pierde en retomar la actividad es dinero añadido que se pierde o deja de ganar.  Por tanto, el dinero invertido en seguridad es dinero a ahorrarse en los robos y todo lo que ellos suponen). El tiempo es seguridad (el tiempo que el delincuente no tiene para invertirlo en robar, el tiempo que le hace preferir ir a otra parte que no cuente con sus medidas de protección).

¿Qué precio pone a su seguridad, a la de los suyos, a la de sus empleados, a la de sus bienes, materiales, dispositivos, productos para la venta…?. En DYSTEC disponemos de medidas que se adecúan a cada caso individualizadamente, algunas sencillas y económicas, otras más complejas y de alta gama. Le invitamos a consultar su caso particular sin compromiso, y a que no se resigne: usted no tiene por qué participar de esa “lotería” macabra de los criminales, según la cual no tiene otra cosa que cruzar los dedos esperando a ver cuándo le toca ser asaltado.

Sobre DYSTEC

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