La realidad supera a la ficción… o al menos siempre tiende a hacerlo. "Minority Report" cada vez más cerca.

John Anderton (Tom Cruise): “Señor Marks, por orden de la División Precrimen del distrito de Columbia le detengo por el futuro asesinato de Sarah Marks y Donald Dubin que iba a suceder hoy.”
Esta escena todavía está lejos, aunque no neguemos que algún anticipo ya tenemos: véase el control gubernamental sobre los ciudadanos presutamente delincuentes que compran un combo de DVD grabables o regrabables, por ejemplo. ¿Existirá ya un equipo capaz de leernos la mente, de prever nuestras intenciones…, de ir al futuro próximo a ver nuestros actos?. Tranquilos, no, yo creo que todavía no… pero que nadie lo descarte.
El software de elementos de pantalla manejados mediante movimiento de dedos y manos, ya es casi una realidad, pero el hecho de sacar aquí a colación la obra de Phillip K. Dick, uno de los autores imprescindibles en la sección de Ciencia Ficción de la biblioteca (sí, o e-book, de acuerdo) de cualquier aficionado a la lectura (sí, todavía tengo fé en que hay vida inteligente en el planeta) , y que fuera llevada al cine por Steven Spielberg, es porque recordarán una escena de la misma en la que los carteles publicitarios dirigían su oferta individualmente hacia los que pasaban ante ellos, identifícándoles incluso con nombre y apellidos y realizándoles ofertas de productos irresistibles… o sea, una publicidad contextual personalizada. Pues vaya,…, lo de identificar con nombre y apellidos, todavía no, pero que NEC ya está probando esa filosofía de publicidad con ese tipo de carteles en centros comerciales de Japón (cómo no) es algo plenamente real.
Dichos paneles, gracias a una cámara en su parte superior, “recopila” (Agencia Española de Protección de Datos, pónganse a trabajar en el tema) imágenes de quienes pasan, procesando (al menos de momento) los datos de edad y género para ofrecerles (dentro del radio de alcance) publicidad orientada a sus características. La máquina dispone de un software de reconocimiento facial, que permite determinar si el transúnte es hombre o mujer (estoy pensando en algun@s que yo me sé…, pero no voy a ser malo) y el rango de edad en que se encuentra (a ver si a ese que dice que “está como un chaval” le colocan una publicidad para nonagenarios y le da un síncope allí mismo… ¿dispondrán de un seguro para los problemas de salud derivados de impactos visuales?) para dirigirle una publicidad específica.
De momento nada de sabe lo que ocurre con las imágenes grabadas y procesadas, pero NEC ya ha desmentido y tranquilizado sobre el temor a falta de intimidad y protección de datos (del dicho al hecho, hay un trecho…), asegurando que los datos son anónimos (registrando género y edad) y que de todas maneras todas las imágenes son inmediatamente borradas una vez se ha mostrado la publicidad.
En 2007, había visto una entrada de Enrique Dans en el que sea aludía  al Project Hostile Intent (PHI), un proyecto del US Department of Homeland Security en el que se pretende analizar a las más de cuatrocientos millones de personas que entran en los Estados Unidos cada año procesando en tiempo real datos acerca de sus expresiones faciales, forma de andar, dirección de la mirada, presión arterial, intensidad de sudoración o pulso, en un intento de encontrar factores no invasivos y culturalmente independientes capaces de detectar ya no si llevas un arma o un explosivo, sino si tus intenciones son cometer en algún momento un acto terrorista. Y es que desde 2003, el US Transportation Security Administration (TSA) utiliza personal especialmente entrenado en la detección de las denominadas “microexpresiones”, gestos minúsculos e instantáneos que revelan nerviosismo o agresividad en el llamado Programa SPOT (Screening Passengers through Observation Techniques). Imagínense las “microexpresiones” de la gente en el aeropuerto, con la tensión de coger el vuelo, con el cabreo del vuelo atrasado, etc., etc…. Como bien decía por entonces Dans: “está claro que alguien de la TSA ha visto demasiadas veces Minority Report”.
De todas maneras, de lo que no cabe ninguna duda es de que la publicidad está obligada a caminar de la mano de la tecnología. En los EE.UU. de América, a otro nivel -el de envío de SMS con publicidad dirigida a los gustos del propietario del terminal y dentro de un radio geográfico determinado-, parece estar obteniendo un gran éxito, con dos personas de cada tres entrando en la tiendas emisoras del SMS. 
Por poner un ejemplo: a usted le gustan  los perfumes o incluso alguna marca de perfume en particular, y cuando está paseando por un determinado barrio, una perfumería del mismo le lanza un SMS informándole de que lo tiene en oferta en  una tienda muy cercana a donde usted se encuentra en ese momento. 
Parece una forma interesante de ofertar, sobre todo para ese tipo de stock al que hay que darle salida pero no se sabe cómo..
La publicidad basada en la localización geográfica parece lo más inminente. Aparte es práctico, aunque sólo sería válido si obtienen tus datos -gustos- mediante registro autorizado y con regulación de recepción de mensajes ¿se imaginan lo que podría ser -por otra parte- un bombardeo de SMS de forma continuada durante todo el día?. ¿Y a cómo estaría en el mercado negro “el kilo” de datos sobre gustos personales?.
Una duda me asalta ahora, y ya estoy pensando en la hora del almuerzo, ya que luego  voy a meterle plato, cuchillo y tenedor a un cochinillo segoviano. Esos ruidos que oigo por el tejado…  ¿podrían resultar  una inesperada visita de la División PreCrimen?

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