La videovigilancia como ayuda -que no solución- en la seguridad. El caso especial de los domicilios particulares.

Uno de los aspectos que mas nos ha llamado la atención en SICUR (o más concretamente en el pabellón SECURITY) es el elevadísimo porcentaje de empresas que han asistido a esta edición presentando soluciones de videovigilancia, videograbación, videoseguimiento… las cuales son muy útiles… especialmente en organizaciones.
En DYSTEC sabemos de lo que hablamos porque es un campo que también trabajamos para determinados clientes, y hemos de decir que según las características del cliente, puede ser  tanto una solución muy útil para unos, como prácticamente innecesaria para otros.
Una organización empresarial grande o un organismo público, suelen tener un equipo de seguridad o una subcontrata con una compañía del ramo. Los videograbadores almacenan las señales de las videocámaras durante horas o días (dependiendo de las características del equipamiento) a la vez que muestran esa señal en los monitores colocados al efecto. Se produce en esos casos, por tanto, un seguimiento en vivo de las imágenes y un almacenamiento temporal de las mismas. La utilidad es evidente: la videovigilancia en estos casos es un elemento más dentro de la seguridad de las instalaciones (guardias de seguridad, cerraduras de seguridad, barreras, alarmas, etc., etc.). Bien hasta ahí todo claro, y no vamos a ahondar más en ese ámbito de la gran empresa o de los organismos e instituciones, pues tiempo habrá para dedicarlo especificamente a ese perfil de usuario, pero ¿qué ocurre con los particulares?. 
El aumento de delincuencia ha hecho crecer el número de equipos de videovigilancia también a nivel particular, pero ¿tiene verdadera utilidad para éstos?. En realidad, para éstos (y estamos hablando fundamentalmente de los casos en los que los domicilios son fincas, casas, chalets unifamiliares o pareados, en urbanizaciones, extrarradios, etc.) tiene casi una única utilidad: la prevención por disuasión, porque por otra parte, en rara ocasión eso va a evitar un robo o asalto (salvo que dé la casualidad de que algún miembro de la familia esté en ese momento preciso visualizando alguna de las cámaras y dándose cuenta de la presencia de personas no autorizadas pueda dar aviso a la Policía). Ni siquiera suele tener una utilidad con posterioridad al robo: primero porque la nitidez y claridad de las imágenes en muchas ocasiones ayuda poco, segundo porque los delicuentes pueden ir cubiertos y ser prácticamente irreconocibles, y tercero porque quizá ni existan las imágenes porque las videocámaras pueden haber sido anuladas (pintura, inhibición, corte de cables, tapado, rotura,…).  Como ayer hablábamos con algunas empresas del sector de la videovigilancia y con distribuidores: “Sí, tienes unas bonitas imágenes de los ladrones entrando en tu domicilio… pero te han robado, y probablemente no se pueda identificar a quienes aparecen en las imágenes”.
Personalmente pongo en duda la utilidad de la videovigilancia para los particulares, salvo como ya he comentado, por el hecho de contar con un elemento disuasiorio preventivo más y de forma complementaria y añadida a otras. 
Como ya hemos dicho en otras entradas anteriores, en el ámbito particular el primer elemento a salvaguardar es el de los cilindros en las puertas de acceso, y de ahí, hacia afuera (alarmas, sensores, videocámaras, etc.)

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